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Dada la creciente necesidad de un cambio en el sector de la construcción hacia estándares de mayor sostenibilidad; debemos investigar nuevos sistemas, procesos y materiales urgentemente.

Los materiales de construcción tradicionales, como puede ser el hormigón, tienen un gran impacto ambiental, por lo que la investigación de materiales alternativos deja de tratarse de una opción, para convertirse en una necesidad.

Los hongos están presentes en el aire, en la tierra, en los árboles, en el agua… pueden aparecer en forma de hongos o de forma más simple como el moho. Éstos pueden desencadenar enfermedades, pero también producir remedios antibióticos o incluso ayudar a fermentar quesos y panes.

¿Es posible hacer uso de este ser vivo en la construcción? La respuesta es sí.

El micelio es uno de los sistemas vivos que más abundan en el planeta. Es un conjunto de hifas (filamentos pluricelulares) que forman la parte vegetativa de un hongo. Forman parte de las raíces de los hongos, crecen debajo de la tierra y con condiciones ambientales adecuadas crecen a altas velocidades. Al secarse, se comportan como un pegamento, cementando el sustrato y transformándolo en un bloque sólido, adquiriendo mucha resistencia al agua, al fuego y al moho.

Gracias a estas características adquiridas se pueden construir paneles aislantes, bloques, muebles, tejidos… de una forma biodegradable, orgánica y con poco impacto ambiental.

Investigaciones científicas han demostrado que, en términos de características físicas y mecánicas, los materiales con base de micelio se pueden asemejar al poliestireno expandido, pero mejorando su biodegradabilidad.

Tenemos un gran reto por delante y el uso del micelio, junto con otros muchos materiales orgánicos, van a jugar un papel importante.